Delgada, nerviosa

73868372.jpg
“…Y tú apareces en mi ventana
Suave y pequeña
Con alas blancas
Yo ni te miro
Para que duermas
Y no te vayas…”
.
.
.
Silvio… ¡Maestro!

Anuncios

Welcome, pe.

austindia.jpg
Bajo la línea ecuatorial. Mismo horario, otro clima, fauna y flora y almuerzos por la tarde con salsa criolla. Madre, padre, hermana, abuelita y sin perro porque así lo quiso Dios. Amigos con problemas en español de todo calibre, cobradores que cirean, derraman lisuras y negocian pasajes a china; policías que no miran cuando te pasaste la luz roja porque saben que es inútil renegar.

Mi letra eñe y los acentos ingratos que no se adecuaron a mi vida bilingüe.

Caos vehicular, coimas de todo nivel, damas de compañía que se sientan en el hemiciclo congresal a decidir nuestro futuro. La hora Inca Kola, el reloj atrasado por 20 minutos, las excusas para tardarse que ya ganaron récord Guiness.

El cielo sin sol con humedad gris.

Los domésticos toques de queda de padres dictadores; el sueño de la independencia; la familia, la propiedad privada y el amor. Los ojos juzgadores; la música chicha; la muñequita Sally; sufres al verme pasar.

Los días largos; la pereza antes del estrés; ya llegó el mediodía, ya pasaron tres semanas y sigo escribiendo lo primero que se me viene a la mente cuando pienso que ya no estoy en Austin.

Get over it, man.

Producto peruano de exportación, le dicen.

Pd. Luego de tantos meses… lo mismo, lo mismo.

austinnoche.jpg

Sin alma de Barney

Y no significa que no me queda el color morado con manchas verdes o que no sea fuerte candidata a Miss Dinosaurio 2007, sino que simplemente no se tratar a los bebès. No solo eso, sino que me estresa estar cerca a ellos. Hay todo un rollo de comportamiento y relaciòn adulto-retaco que no me termina de cuadrar. Los bebès son eso, personas que inocentemente enfrentan el mundo que sus padres le quieren poner, que los adultos le dibujan. Uf, no me gustaría tener aún esa carga sobre los hombros, y menos pintarle un mundo de agú-da-dás y morisquetas diforzadas para que entienda desde engendrito que los adultos son todos unos payasos. Aunque pensandolo bien…

Es decir, ¿cúal es la finalidad de afinar la voz como menso y hacer un monólogo barato con un ser que solo comprende que debe dormir a la hora que quiere y gritar a la hora que debe? Ya, estimulación temprana, niños genio, bla. En todo caso lo replanteo: ¿Cúal sería MI finalidad al afinar la voz y agachar el cuerpo, de hacer ruidos con su panza y cantar al unísono con un tiranosaurio chimbombo? Más allá de ganarme el premio a la Más Falsa y Ruborizada 2007, ninguna otra finalidad en particular.

Hey! No se me venga encima si ya esta mirando con el ojo del mal a este su blog amigo. Pero es como todo, hay cosas que ni que… y tengo razon. Decìa Kapuscinski que los cìnicos no sirven para el oficio del periodismo, y yo digo que menos para el de cuidar a un niño. Y el cinismo me resultaría el único modus operantus para ejecutar tamaña misión. Asi que si estaba pensando en presentarme a su hijo, sobrino, entenado para que tuviera diversiòn, detèngase por su propio bien. Guerra avisada no mata gente.

Pd. Espero que mis hijos no sufran con mi ideología anti-teletubbie.

barney.gif

Viajando mucho… soñando poco.

Pero riendo como siempre.

nene_vane.jpg

Pajón, a cinco sureñas horas de Jaén y una hora norteña de la frontera ecuatoriana, aún tiene motivos para seguir creyendo en sus bosques… y en sus niños.

Habla, ¿un chapuzón? Mira que hace calor… y que no te pido permiso.

Dejuendiendo la naturaleza…

Nos fuimos por Loja… y no salimos trasquilados.

jirafasepia_vane1.jpg

La jirafa enjaulada, el lojano encantado, y su servidora pidiendo chepi detrás de la Nikon con cinta scotch.

No se pierda su próximo capítulo de Vanessa of the Jungle (strong as she can be! Awwww! Watch out for that tree!)

Demasiada niñez recordada.

Yo también hablo Spanglish

Salud a la distancia, añorado Austin…..

beeer1.jpg

La culpable

* Este post fue escrito minutos antes de perder el avión, hace ya más de dos meses, y quedarme encerrada en el ala D del aeropuerto de Atlanta por 28 horas. Aún no me arrepiento de ello.

Luego de cuatro días, tu aroma desapareció. Ya no tiene sentido pasar por esa puerta que tantas veces quise tocar y no me atreví, que un par de veces interrumpí sin consentimiento y que de vez en cuando se me abría sin mucho esfuerzo. Ya no siento nada cuando bajo las escaleras y de reojo puedo ver si tu luz está prendida, ya no puedo adivinar si estas durmiendo o tomando la última cerveza del día. Ya ni puedo imaginar. El olor ya se evaporó.

No fue fácil verte partir y aún siento el vacío de ese momento. Les grito “cobardes” a mis lágrimas para que tengan miedo de salir, para que no se atrevan a demostrar que te extraño. No estoy enamorada, no lo estoy, recuérdalo racionalidad mía. Solo una tonta pensaría enamorarse de alguien que estará desde este momento a más de 500 mil millas de distancia, con dos océanos incluidos. Mi sentido común sigue arrullando a mi corazón y lo seguirá haciendo hasta que deje de exaltarse y empiece a dormir y comience mañana con otra historia.

Y lo dije en el post sobre ascensores: los martes, de tu casa no te apartes. Lo malo es que la mala vibra no hizo efecto al que se fue (no sé, ¿a ti también te afectó?), sino a la que se quedó. La que, parada en el borde de la escalera, no tenía control lacrimógeno alguno sobre sí. La que tuvo que abrazar la tensión del adiós, la que tuvo que decir buen viaje y que te vaya bonito. La que tuvo que permitir la dictadura de la realidad sobre su imaginario mundo de ojalás.

No es fácil recordar, ahora que tu olor se ha ido y que yo también lo estoy haciendo. ¿Cómo se me viene a ocurrir recordarte en medio del Food Court del aeropuerto de Atlanta? Rodeada de luces de neón que anuncian comida chatarra, con gente masticando grasa 100% americana antes de abordar el próximo avión. Pero la verdad es que no importa lo que suceda alrededor. Aquí sigo en mi burbuja de Jack Johnson, Mocha Frapuccino y Microsoft Word nomás, porque no alcanza para el Wi-Fi.

Faltan 32 minutos para subir al avión que apunta al sur. Quisiera que los descifradores del código Da Vinci estuvieran aquí, porque yo no entiendo lo que estoy sintiendo, y eso me estresa, para variar. Tal vez mi destino es nunca entenderme y siempre estresarme. Tal vez es el destino de todo ser humano, pero también lo es vivir y disfrutar a pesar de eso. Tal vez tomé mucha cafeína con azúcar por hoy.

El vaso de mi frapuccino está vacío. La casa que dejé hoy también, casi. La ilusión que dejo aquí decía estar habitada, pero la desecho hoy. A veces no hay que esperar que la fecha de vencimiento llegue para deshacerse de las cosas. Hay ocasiones, como la de hoy, en que hay que hacer caso a los impulsos, bajarse del coche en movimiento, correr al otro sin pensarlo y sin mirar atrás. Aunque, a pesar de que no volteaste, te conviertas en piedra por un rato.

st.jpg