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La tres veces reincidente

Un año después y no aprendí la lección. Vuelvo con la mirada tan tierna y el hocico partido para intentar por tercera vez escribir un blog. Para ganarme con el sudor de cada post a mis casuales visitantes y para que se ganen también, por qué no, con mi vida que ha subido puntos bonus de atónita y sigue igual de anónima, felizmente.

Las razones de mi ausencia ya no valen, es como un marido que abandona cada cierto tiempo a su mujer y luego pierde el tiempo tratando de explicar lo que no hizo. Ya, yo no soy un patán sacavueltero y a ustedes seguro poco o nada les cambia la vida si actualizo o no mi blog (nos ponemos agresivos de madrugada).  Pero yo sí lo necesito porque mi cuota de exorcismo de lo vivido debe ser cubierta con urgencia. Así que quedemos en que no son ustedes, soy yo, y cerrado. Espero que a pesar del floro de patán sacavueltero sigan ahí.

Ahora sí, como todo buen (re)inicio, este debe tener su soundtrack. Escuchen los que quieran a Chuck Berry y su Maybellene, y los que no, también. Y es que como Maybellene, I’ve started back doing the things I used to do (o he vuelto a hacer las cosas que solía hacer, ya ustedes saben)

Hasta la recontra próxima.

Sin alma de Barney

Y no significa que no me queda el color morado con manchas verdes o que no sea fuerte candidata a Miss Dinosaurio 2007, sino que simplemente no se tratar a los bebès. No solo eso, sino que me estresa estar cerca a ellos. Hay todo un rollo de comportamiento y relaciòn adulto-retaco que no me termina de cuadrar. Los bebès son eso, personas que inocentemente enfrentan el mundo que sus padres le quieren poner, que los adultos le dibujan. Uf, no me gustaría tener aún esa carga sobre los hombros, y menos pintarle un mundo de agú-da-dás y morisquetas diforzadas para que entienda desde engendrito que los adultos son todos unos payasos. Aunque pensandolo bien…

Es decir, ¿cúal es la finalidad de afinar la voz como menso y hacer un monólogo barato con un ser que solo comprende que debe dormir a la hora que quiere y gritar a la hora que debe? Ya, estimulación temprana, niños genio, bla. En todo caso lo replanteo: ¿Cúal sería MI finalidad al afinar la voz y agachar el cuerpo, de hacer ruidos con su panza y cantar al unísono con un tiranosaurio chimbombo? Más allá de ganarme el premio a la Más Falsa y Ruborizada 2007, ninguna otra finalidad en particular.

Hey! No se me venga encima si ya esta mirando con el ojo del mal a este su blog amigo. Pero es como todo, hay cosas que ni que… y tengo razon. Decìa Kapuscinski que los cìnicos no sirven para el oficio del periodismo, y yo digo que menos para el de cuidar a un niño. Y el cinismo me resultaría el único modus operantus para ejecutar tamaña misión. Asi que si estaba pensando en presentarme a su hijo, sobrino, entenado para que tuviera diversiòn, detèngase por su propio bien. Guerra avisada no mata gente.

Pd. Espero que mis hijos no sufran con mi ideología anti-teletubbie.

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