Say everything… but don´t say goodnight, tonight.

Allí estábamos, sentados frente a frente con un sánguche de por medio. Había que encontrar la seriedad necesaria para digerir un pedazo de pollo pachamanquero y para decir verdades, algunas muy ocultas, tanto que cuestan que floten.

La pregunta apareció luego de unos segundos de silencio.

No me vayas a odiar, pero… ¿me repetirías por última vez el nombre de tu esposa?

Esa mirada que muy pocas veces te había visto se congeló en tus ojos.

De eso quería hablarte.

Mientras hablabas, dentro de mi cabeza empezó a sonar el Tiempo de Vals con los apurados ritmos de Chayanne. Era un flashback a siete años atrás. Recordé el momento en el que abrí la puerta de mi casa para encontrarte con una orquídea hecha de mazapán. Dos en realidad, por si alguna me la comía en el camino rumbo a mi fiesta de promoción.

Mi sueño de niña buena se estaba cumpliendo. Esa noche eras mi príncipe azul, de terno y corbata y zapatos de charol. Emocionada te descubría otra vez, a pesar de conocerte ya varios años.

De vuelta al presente, mientras tratabas de articular sílabas y contarme que era de ti ahora, mi cara parecía un Picasso. Reprochaste mi desconcierto inicial, pero imaginabas que no era para menos. Mi contractura facial, al fin y al cabo, no era por lo que me contabas, si no por cuánto había cambiado tu vida sin darme cuenta. Había jurado conocerte bien, que a mí no me podías engañar, y no lo hiciste. Solo cambiaste sin pasarme notificación y sin pedírtela yo.

¿Y eres feliz?

¿Cuánto vale la felicidad si has sufrido tanto? Una balanza virtual se paraba ante mi tratando de medir tus alegría y tus penas. Mi admiración por ti se renovó. Loco, al final hemos vivido tanto. Has sido mi amigo, mi galán, mi primer enamorado, mi primer corazón roto, mi primer chochera, la primera persona que me enseñó a zurrarse en los demás cuando uno está decidido. Luego de doce años, sigues sorprendiéndome.

Quisiera no mirarte diferente. En toda la conversación no lo hice, traté de imaginarme cómo eramos antes, cuando me diste el único abrazo sincero al entrar a la universidad, cuando me cargabas por la rotonda de Letras en la PUCP, cuando me llamabas niño piraña, cuando sabías que yo me moría de cólera de saber que ya estabas con alguien más y yo no podía olvidarte, cuando te volviste mi mejor amigo, cuando te presté mi hombro varias veces para que chilles como un hermano, cuando luego te veo tan realizado, y un poco confundido. Al final no te quiero ver tan diferente.

Siempre te he querido tal como eres y no habría que quererte menos ahora. Soy una cavernícola cuando se trata de expresar cariño, sobre todo en los momentos que más se necesita. Sabes que ese abrazo que te di significa que lo estoy digiriendo, a mi manera. Y ahora que lo escribo y lo publico, con las disculpas necesarias del caso, es mi manera de decir que lo he aceptado.

Al final, say everything…. but don´t say goodnight, never.

 

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