
Bajo la línea ecuatorial. Mismo horario, otro clima, fauna y flora y almuerzos por la tarde en salsa criolla. Madre, padre, hermana, abuelita y sin perro porque así lo quiso Dios. Amigos que tienen problemas en español de todo calibre, cobradores que cirean, derraman lisuras y negocian pasajes a china, policías que no miran cuando pasaste la luz roja porque saben que es inútil renegar.
Mi EÑE y mis acentos ingratos que no se adecuaron a mi vida bilingüe.
Caos vehicular, coimas de todo nivel, empleadas/asesoras/damas de compañía que también se sientan en el hemiciclo congresal a decidir nuestro futuro. La hora Inca Kola, el reloj atrasado por 20 minutos, las excusas utilizadas para la tardanza que ya ganaron récord Guiness.
El cielo sin sol, con humedad gris.
Los domésticos toques de queda de padres chavistas, el sueño de la independencia, la familia, la propiedad privada y el amor. Los ojos juzgadores, la música chicha, la muñequita Sally, sufres al verme pasar.
Los días largos, la pereza antes del estrés, ya llegó el mediodía, pasaron tres semanas, y sigo escribiendo lo primero que se me viene a la mente cuando pienso que ya no estoy en Austin.
Get over it, man.
Producto peruano de exportación, le dicen.
Pd. Luego de tantos meses… lo mismo, lo mismo.
