Julio 26, 2007...8:59 pm

La culpable

Saltar a Comentarios

* Este post fue escrito minutos antes de perder el avión, hace ya más de dos meses, y quedarme encerrada en el ala D del aeropuerto de Atlanta por 28 horas. Aún no me arrepiento de ello. 

Predata. Este post no trata solo de aromas, como en un pasado post. Esta aclaración es para no reafirmar algún estereotipo de que toda secuela es mejor o peor. Ningún mensaje oculto, lo prometo. 

Luego de cuatro días, tu aroma desapareció. Ya no tiene sentido pasar por esa puerta que tantas veces quise tocar y no me atreví, que un par de veces interrumpí sin consentimiento y que de vez en cuando se me abría sin mucho esfuerzo. Ya no siento nada cuando bajo las escaleras y de reojo puedo ver si tu luz esta prendida, ya no puedo adivinar si estas durmiendo o tomando la última cerveza del día. Ya ni puedo imaginar, el olor ya se evaporó.  

No fue fácil verte partir, y aún siento el vacío de ese momento. Les grito “¡Cobardes!” a mis lágrimas para que tengan miedo de salir, para que no se atrevan a demostrar que te extraño. No estoy enamorada, no lo estoy, recuérdalo racionalidad mía. Solo una tonta pensaría enamorarse de alguien que estará desde este momento a más de 500 mil millas de distancia, con dos océanos incluidos. Mi sentido común le sigue susurrando canciones de cuna y de amores de barra a mi corazón, y lo seguirá haciendo hasta que deje de exaltarse y empieze a dormir, para comenzar mañana con otra historia. 

Y lo dije en el post ascensoril: los martes, de tu casa no te apartes. Lo malo es que la mala vibra no hizo efecto al que se fue (no sé, ¿a ti también te afectó?), sino a la que se quedó. La que, parada en el borde de la escalera, no tenia control lacrimógeno alguno sobre sí. La que tuvo que abrazar la tensión del adiós, la que tuvo que decir buen viaje y que te vaya bonito. La que tuvo que permitir la dictadura de la realidad sobre su imaginario mundo de ojalás. 

No es fácil recordar, ahora que tu olor se ha ido y que yo también lo estoy haciendo. ¿Cómo se me viene a ocurrir recordarte en medio del Food Court del aeropuerto de Atlanta?  Rodeada de luces de neón que anuncian comida chatarra, con gente masticando grasa 100% americana antes de abordar el próximo avión. Pero en verdad no importa que suceda alrededor. Aquí sigo en mi burbuja de Jack Johnson, Frapuccino Mocha Light y Microsoft Word nomás, porque no alcanza para el Wi-Fi. 

Faltan 32 minutos para subir al avión que apunta al sur. Quisiera que los descifradores del código Da Vinci estuvieran aquí, porque yo no entiendo lo que estoy sintiendo, y eso me estresa, para variar. Talvez mi destino es nunca entenderme y siempre estresarme. Talvez es el destino de todo ser humano, pero también lo es vivir y disfrutar a pesar de eso. Talvez tome mucha cafeína con azúcar por hoy. 

El vaso de mi frapuccino está vacío. La casa que deje hoy también, casi. La ilusión que dejo aquí exclamaba que estaba llena, pero la desecho hoy. A veces no hay que esperar que la fecha de vencimiento llegue para deshacerse de las cosas. Hay ocasiones, como la de hoy, en que hay que hacer caso a los impulsos, bajarse del coche en movimiento, correr al otro sin pensarlo y sin mirar atrás. Aunque, a pesar de que no volteaste, te conviertas en piedra por un rato.

 

st.jpg

Escribe un comentario