*Tuve algunos post inconclusos que hoy descubro con cierta verguenza en el cierre abierto de mi descuidado blog. Esto data de algunos meses antes de mi partida desde Austin hacia Lima, y es anunciado solo para que se ubiquen en el tiempo. Mi Paranoia Producciones les ofrece la siguiente obra…
Martes, no te cases, ni te embarques, ni de ascensores te apartes. El dicho popular necesitaba un pequeño giro para mi segundo día de la semana. No es difícil demostrar que de atlética tengo solo las zapatillas y una que otra historia pasada en sesiones de steps, asi que con tres clases universitarias de 9 a.m. a 3:30 p.m, es justo y necesario un elevador en mi menú. Bien taipa, maestro, que somos caseritos.

Por eso me estresa a la raiz cuadrada infinita negativa el hecho que en algunos edificios de UT (Universidad de Texas en Austin, para los no familiarizados con las siglas) simplemente se zurren en los discapacitados, gorditos simpaticones, enfermos del corazón, sufrientes de alta presión, asmáticos, o como yo, simple y perezosamente incapaces de subir tres pisos a las 9 a.m… De cuando a acá la vida se resume a una opción? De cuando a acá los arquitectos creyeron que todos salimos del comercial de Adidas donde Impossible is Nothing, ni siquiera subir cuchucientas escaleras en un área inclinada y pretender que Rexona no te abandona?
Por eso, hago una oda a esos aparatejos móviles que aunque no sirven en casos de apagones o sismos, pues para todo lo demas, son súper útiles. Y diganme exagerada, y lo les diré por supuesto. Aquí una lista de porque los amo (también a uds., pero no es el tema hora):
1. Porque no me siento gorda, vieja o que acabo de ir a Ticlio a 3800 metros sobre el nivel del mar, aunque tan solo haya subido 16 escalones.
2. Porque puedo tener un minuto de ventaja, lo cual es considerablemente perfecto ya que soy demorona por naturaleza y porque el mundo me hizo asi.
3. Porque cuando lleva espejos me evita la carrera al baño para asegurar que todo está en su sitio y no hacer roche frente al profesor/entrevistado/jefe/etc. Y si no tiene, igual me da tiempo para respirar, imposible mision si me las juego por las escaleras.
4. Porque aunque el edificio reviente de gente por fuera, puedo encontrar un minuto de paz y aire acondicionado en esas cuatro paredes de metal. Vale decir que esto de ir sola en el ascensor me pasa con frecuencia ya que todos estan donde deben estar (clases, entrevistas, centros de trabajo) menos yo, lo que tambien lo vincula con los puntos 2 y 3.
En fin…. ya no sigo hablando porque voy a recordar que en mi casa de Lima, en la cual vivo hace 21 años, nunca hubo ni un amago de ascensor. Señores arquitectos, ¿cimientos? claro, ¿adobe? cómo no, ¿planos? pero por supuesto, ¿ascensores?… ya saben en que pensar primero al pasarse del segundo piso de construcción.