Marzo 2, 2008

Las canciones tenían razón

En el 2006, cuando la charra y petiza Julieta Venegas inundaba cada decibel emitido por los parlantes limeños declarando estar cansada de las Canciones de Amor, yo simplemente no podía ignorarla. No es solo que cualquier hit del momento (sea este totalmente olvidable y hasta sacrilegio) se me pegue peor que el Tema del Verano, si no que además la letra de esa simpática melodía calzaba a la perfección con mi situación amorosa de ayer, (en ese momento) hoy, y (para ese entonces) siempre: Era una amargada del amor, una renegada del corazón, la Michael Corleone de lo sentimental.

Ahora me siento a escribir este post, y con una carcajada (solo una) de esas que dan los winners en las películas para recordar el pasado, estoy dispuesta a la rectificación. Ahora encuentro que estás en cada tonada, en cada palabra, ya sea cumbia, rock, fox trot, jazz, reggaeton, funk, techno o celta. Ahora comprendo que todo es diferente, porque estás.

Hey, hey, querido blogolector, no vaya a creer que esto se convirtió en el rincón web de Corín Tellado o que pondré el wallpaper rosa y corazones sobre las íes. Aguante. Yo… no soy así. ¿O sí?

Que quilombo. Pero si los hay que tener en esta vida, yo quiero que todos mis quilombos sean como este. Que me hacen despertarme con una sonrisa genuina, que provocan un efecto luminoso en mis ojos, que me acostumbran a pensar y sentir por dos, que me permiten soñar con un perro, un conejo y una cocina con jamones ahumados colgando del techo de madera. Y que me hacen darme cuenta que en realidad las canciones, esas melosas y diabéticas canciones, tenían razón.

All my life - Katharine Whalen 

ESTAR ENAMORADO ES…

¿Descubrir lo bella que es la vida? ¿Confundir la noche con los días? ¿Caminar con alas por el mundo? ¿Y que pasa si antes de estar enamorada ya me pasaba frecuentemente esto por mi extraña forma de ser? Ahhh… dilema tipo sudoku para Raphael.

La situación se planteó así, como en rincón del box:

Yo, con apellido de cantante y de doctor recontra criollo. Pueblo Libertina (por asi decirlo) desde el uso de razón, periodista, con los mismos años de menos y los exactos kilos de más que tenía cuando comenzó un blog, hace casi un año.

Él, con apellido que adjetiva las cabelleras anglosajonas y de cantante también, mexicana además. Chalaco desde el babero y desde que sus padres se conocieron también en ese distrito. Audiovisual, con 26 (ahora 27) años y con los kilos que quisiera tener cualquiera, pero que para él son pocos. Ironías de la vida, escuché por ahí.

Una mirada y un hola bastaron para entender que la química era instantánea. Que recordara mi nombre fue una señal de que era atento. Que yo no recordara el suyo fue una de las primeras características que conoció de mi despistado ser.

Lo que vino después solo es una secuencia de hechos que me crearon la disyuntiva de dejar mi pasado de grinch del bobo para convertirme en una repartidora de miel. Creo que no le estoy haciendo justicia a esta conversión, que es bastante dificil. ¿Pero como entender lo que me pasaba?

 Abrazándote.

Abrazándote lo entendí todo. Veintitrés años (y medio) de búsqueda estaban ahí, congelados en un acto tan cotidiano como el de rodear tus brazos y apoyar una mejilla en tí. Lentamente y con sorpresa, como acercando la oreja a una caracola olvidada, escuchaba que tu corazón ya no era el mismo. Y el mío tampoco lo era.

Una canción selló el trato de que una historia, muy diferente a las demás, comenzaba aquí. 

Creo en tí - Rubén Blades

Ya Benedetti lo había escrito, y aquí parafraseado por ciertos actores de cierta película de cierto nivel, lo quiero repetir:  

Y eso es todo por ahora. Pero amenazo con secuelas. Esta vez si cumpliré mis intimidaciones, asi que espero comentarios (y no huídas).

Gracias por los dos meses, chico listo. En nombre de las afortunadas coincidencias, como esta que me toca vivir, solo queda decir, muy a lo Benigni,

CHE COMBINAZIONE!

Diciembre 4, 2007

Quiero recordar esta noche… momentos que no volverán

Mientras caminabas hacia tu cama, cansado de gritar, recordaste como habías planificado todo desde el inicio. Eran los años 80, ya no eras joven, habían siete hijos antes, la situación económica no era la ideal. No todo soplaba a tu favor, pero en parte por complacer a tu nueva esposa, en parte porque querías empezar de cero, decidiste formar una nueva vida.

Al deshacerte de las pantunflas y meter tus pies tibios en el fondo de las sábanas, sigues pensando que pasó con ese mapa trazado, ahora con connotaciones piratas. Talvez es tu edad. Quieres cambiar, quieres ser mejor, quieres entender, pero los 84 años tienen la fuerza de un ladrillo que cae aventado por el puente.

Enciendes la tele, sintonizas cualquier canal a las 5 a.m. Te das cuenta que son las 5:30 a.m., que más da. Acabas de renegar como hace mucho tiempo no lo hacías, amenazando con expulsiones, martirizando con insultos, exasperado hasta poder contar las palpitaciones de la vena que cruzaba tu frente. En la pantalla aparece una pequeña niña con primeros pasos de duda, y con sonidos guturales trata de alcanzar el cuello de su papá para sentirse segura. Te preguntas cuándo fue el momento en que tu cuello dejo de ser su zona segura. 

No puedes evitar la torrente de imágenes desde que nació. Lo pequeña que se veía en la incubadora, lo rosada que era entre tus brazos, lo coqueta que se ponía al encontrar un lente enfocándola. Aún la escuchas cantar “Sabor a miel” de Yola o declamar en el micro “No controles” de Olé Olé. Todavía te imaginas lustrando sus zapatos colegiales antes de llevarla al colegio, o cuando te dijo por el intercomunicador de la casa que había ingresado a la universidad, y apuraste el paso mientras tocabas el timbre a todos los vecinos.

Lo recuerdas y lo añoras, pero ya pasó. Son aquellos momentos que no volverán, y que con la presión aún alta y luego de 23 años, deseas con todas tus fuerzas que se hubieran detenido.  ¿O no?

Noviembre 21, 2007

Say everything… but don´t say goodnite, tonite.

Sentados frente a frente con un sánguche de por medio. La seriedad necesaria para digerir un pedazo de pollo pachamanquero y para decir verdades, algunas muy ocultas, tanto que cuestan que floten.

La pregunta apareció tras unos segundos de silencio.

No me vayas a odiar, pero… ¿me repetirías por última vez el nombre de tu esposa?

Esa mirada que hace tiempo no veía se congeló en el aire. Son esos ojos nerviosos, con las pupilas avergonzadas, las pestañas rizadas de incertidumbre. Tu mirada hazel, dices, que arranca suspiros extranjeros y que aquí es poco considerada.

De eso quería hablarte.

El tiempo de vals con la apurados ritmos de Chayanne volvió a reventar por los parlantes y fue un canal hacia siete años atrás. Dentro sentía el momento en que abrí la puerta de mi casa para encontrarte con una orquídea hecha de mazapan. Dos en realidad, por si alguna me la comía en el camino rumbo a mi fiesta de promoción.

Mi sueño de niña buena y callada se estaba cumpliendo. Mi príncipe azul, de terno y corbata y zapatos de charol. Y esa mirada que vi por primera vez, a pesar de conocerte ya varios años.  

De vuelta al presente, mientras tratabas de articular sílabas y contarme que era de ti ahora, mi cara parecía un Picasso. Me reprochaste mi desconcierto inicial, pero te imaginabas que no era para menos. Mi descomposición facial, al fin y al cabo, no era por lo que me contabas, si no por cuánto había cambiado tu vida sin darme cuenta. Había jurado conocerte bien, que a mi no me podías engañar, y no lo hiciste. Solo cambiaste sin pasarme notificación y sin pedírtela yo.

¿Y eres feliz? 

¿Y cuanto vale la felicidad si has sufrido tanto? Una balanza virtual se paraba ante mi tratando de medir tus alegría y tus penas. Te admiré de nuevo. Loco, al final hemos vivido tanto. Has sido mi amigo, mi galán, mi primer enamorado, mi primer corazón roto, mi primer ex que quiere que seamos patas, mi primer chochera, la primera persona que me enseñó a zurrarse en los demás cuando uno está decidido. Y luego de doce años, sigues sorprendiéndome.

Quisiera no mirarte diferente. En toda la conversación no lo hice, traté de imaginarme como eramos antes, cuando me diste el único abrazo sincero al entrar a la universidad, cuando me cargabas por al rotonda de Letras, cuando me llamabas niño piraña, cuando sabías que yo me moría de cólera de saber que ya estabas con alguien más y yo no podía olvidarte, cuando te volviste mi mejor amigo, cuando te presté mi hombro varias veces, cuando luego te veo tan realizado, y un poco confundido. Al final no te quiero ver tan diferente.

Te quiero tal como eres, y no habría que quererte menos ahora. Soy una orangután al momento de expresar cariño, sobre todo en los momentos que más se necesitan. Sabes que ese abrazo que te di significa que lo estoy digiriendo, a mi manera. Y ahora que lo escribo y lo publico, con las disculpas necesarias del caso, es mi manera de decir que lo he aceptado.  

Al final, say everything…. but don´t say goodnite, tonite.

  

Agosto 6, 2007

Delgada, nerviosa

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“…Y tú apareces en mi ventana
Suave y pequeña
Con alas blancas
Yo ni te miro
Para que duermas
Y no te vayas…”
.
.
.
Silvio… ¡Maestro!

Agosto 3, 2007

Welcome, pues

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Bajo la línea ecuatorial. Mismo horario, otro clima, fauna y flora y almuerzos por la tarde en salsa criolla. Madre, padre, hermana, abuelita y sin perro porque así lo quiso Dios. Amigos que tienen problemas en español de todo calibre, cobradores que cirean, derraman lisuras y negocian pasajes a china, policías que no miran cuando pasaste la luz roja porque saben que es inútil renegar.

Mi EÑE y mis acentos ingratos que no se adecuaron a mi vida bilingüe.

Caos vehicular, coimas de todo nivel, empleadas/asesoras/damas de compañía que también se sientan en el hemiciclo congresal a decidir nuestro futuro. La hora Inca Kola, el reloj atrasado por 20 minutos, las excusas utilizadas para la tardanza que ya ganaron récord Guiness. 

El cielo sin sol, con humedad gris.

Los domésticos toques de queda de padres chavistas, el sueño de la independencia, la familia, la propiedad privada y el amor. Los ojos juzgadores, la música chicha, la muñequita Sally, sufres al verme pasar.

Los días largos, la pereza antes del estrés, ya llegó el mediodía, pasaron tres semanas, y sigo escribiendo lo primero que se me viene a la mente cuando pienso que ya no estoy en Austin.

Get over it, man.

Producto peruano de exportación, le dicen.

Pd. Luego de tantos meses… lo mismo, lo mismo.

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Agosto 1, 2007

Sin alma de Barney

Y no significa que no me queda el color morado con manchas verdes o que no sea fuerte candidata a Miss Dinosaurio 2007, sino que simplemente no se tratar a los bebès. No solo eso, sino que me estresa estar cerca a ellos. Hay todo un rollo de comportamiento y relaciòn adulto-retaco que no me termina de cuadrar. Los bebès son eso, personas que inocentemente enfrentan el mundo que sus padres le quieren poner, que los adultos le dibujan. Uf, no me gustaría tener aún esa carga sobre los hombros, y menos pintarle un mundo de agú-da-dás y morisquetas diforzadas para que entienda desde engendrito que los adultos son todos unos payasos. Aunque pensandolo bien…

Es decir, ¿cúal es la finalidad de afinar la voz como menso y hacer un monólogo barato con un ser que solo comprende que debe dormir a la hora que quiere y gritar a la hora que debe? Ya, estimulación temprana, niños genio, bla. En todo caso lo replanteo: ¿Cúal sería MI finalidad al afinar la voz y agachar el cuerpo, de hacer ruidos con su panza y cantar al unísono con un tiranosaurio chimbombo? Más allá de ganarme el premio a la Más Falsa y Ruborizada 2007, ninguna otra finalidad en particular.

Hey! No se me venga encima si ya esta mirando con el ojo del mal a este su blog amigo. Pero es como todo, hay cosas que ni que… y tengo razon. Decìa Kapuscinski que los cìnicos no sirven para el oficio del periodismo, y yo digo que menos para el de cuidar a un niño. Y el cinismo me resultaría el único modus operantus para ejecutar tamaña misión. Asi que si estaba pensando en presentarme a su hijo, sobrino, entenado para que tuviera diversiòn, detèngase por su propio bien. Guerra avisada no mata gente.

Pd. Espero que mis hijos no sufran con mi ideología anti-teletubbie.

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Julio 27, 2007

Viajando mucho… soñando poco.

Pero riendo como siempre.

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Pajón, a cinco sureñas horas de Jaén y una hora norteña de la frontera ecuatoriana, aún tiene motivos para seguir creyendo en sus bosques… y en sus niños.

Habla, ¿un chapuzón? Mira que hace calor… y que no te pido permiso.

Julio 27, 2007

Dejuendiendo la naturaleza…

Nos fuimos por Loja… y no salimos trasquilados.

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La jirafa enjaulada, el lojano encantado, y su servidora pidiendo chepi detrás de la Nikon con cinta scotch.

No se pierda su próximo capítulo de Vanessa of the Jungle (strong as she can be! Awwww! Watch out for that tree!)

Demasiada niñez recordada.

Julio 26, 2007

Yo también hablo Spanglish

Salud a la distancia, añorado Austin…..

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Julio 25, 2007

Daniela Romo no canta en inglés

Ni en finlandés o japonés. La consabida globalización no arrasó con “Yo no te pido la luna” o “Pobre secretaria”. Gracias Dios, gracias Babel.

Porque tanta añoranza ochentera venida a menos, preguntará usted. Porque usted no se apellida igual que ella, responderé yo. No ha tenido que aguantar con una falsa sonrisa eterna cada vez que alguien la posiciona en su arbol genealógico (tia, prima, hermana, abuela joven, usted continue con los etc’s), cuando ese alguien estira cautelosamente el cuello para cerciorarse que su cabellera no mide 2 metros y 57 centimetros igual que la mencionada, o que osa empuñar la mano cual improvisado micrófono para que coreen juntos “Que vengan los bomberos que me están quemando”.  Solo el coro, porque la entonación musical, en mi caso, no vino incluido en el paquete del apellido.

- Vanessa Romo, encantada.

- Daniela?

- No, VANESSA.

- Pero casi, no? (risitas perturbadoras)

Digo yo, ¿es que la originalidad alguna vez posó sombra en sus mentes? ¿No se imaginan que a mis 22 años al menos un millar de personas me han podido decir tal charrasquillo? No, claro, si Polystel se mantiene joven aunque pasen los años, porque no la broma de la famosa artista. Respuestaaaaaaa incorreeeecta.

Continuación necesaria:

Esta segunda parte del post la hago ya alojada en mis cómodos cuchitriles limeños, porque aún sigo con la onda de actualizar mi blog como nunca antes. Aún recuerdo que en mi breve estancia yanqui era feliz con decir mi apellido y talvez ser confundida por unos cuántos como de ascendencia mexicana, pero eso era todo. Ser Romo en el entonces país del sur era ser Pérez (sorry Pili) en Perú o Smith en Inglaterra, llamarse Jean Pierre en Francia, Thiago en Brasil o Juan en España (lo siento primo). Que desestresantes tiempos aquellos.

Domingo 15 de Julio. 00:30 horas, Garita de Migraciones Peruana. Tan sólo unos segundos más para llegar a Ecuador.  

- Nombre!?

- Maria Vanessa Romo Espinoza, mi capitán.

- Romero?

- No, ROMO

- Ah, como la cantante!

 Volvimos.